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Programa cubano para la rehabilitación a las Adicciones



El Cambio es Posible
A partir del éxito y reconocimiento internacional a los resultados tangibles de la medicina cubana, la competencia y sensibilidad de su recurso humano, los tratamientos y terapéuticas cubanas se han ido posicionando y son cada vez mayores y diversos los países y pacientes que acuden a las alternativas de la Isla.

Desde hace más de 15 años viene desarrollándose con aciertos el Programa para el tratamiento a las adicciones, el cual se asienta en la experiencia de la escuela cubana de psiquiatría y psicología y sus profesionales, si bien inserta lo mejor de las escuelas italiana, española, argentina, colombiana y norteamericana. Basa su esquema de trabajo en el llamado enfoque de "comunidad terapéutica", pues en régimen de convivencia grupal los pacientes comparten estados de ánimo, sentimientos y situaciones. Se trata de reencauzar el sistema de responsabilidades individuales, familiares y sociales, por etapas, para lograr dos metas principales:
la abstinencia y el cambio en el estilo de vida.

En este escenario, Cuba tiene el privilegio de ser un país libre de circulación de drogas, y operar con un tratamiento que a diferencia de otras variantes aplicadas internacionalmente, no se basa en la utilización de drogas sustitutivas como la metadona, naltrexona o el levo-alfa-acetilmetadol (LAAM), cuyo empleo alivia los síntomas agudos de abstinencia, permite desintoxicar a los pacientes y alejarlos del consumo, y por tanto contribuye a sobrellevar las etapas iniciales de la deshabituación, pero a la larga generan un efecto contraproducente pues crean dependencias substitutivas igualmente dañinas. Por otra parte, existen centros que aceptan pacientes aún sin el consentimiento de los mismos, ante presiones familiares o sociales incluso de índole legal.

El tratamiento cubano se realiza según cuatro etapas y se estructura sobre la base de cuatro áreas: la terapéutica, la de alternativas educativas y ocupacionales, el área de autogobierno y la de salud y turismo. En la primera se hace énfasis en la psicoterapia individual y grupal, con el apoyo de técnicas como la pictografía, el cine debate, la musicoterapia o el psicodrama, sin desestimar el valor de un trabajo sostenido con la familia para el establecimiento de patrones positivos de relaciones interpersonales, la acertada orientación en torno a la enfermedad, su rehabilitación y la reinserción del paciente a la sociedad.

Acupuntura, relajación y recreación física también contribuyen decisivamente a desarrollar nuevos valores y a modificar estilos de vida.

El área de alternativas educativas y culturales permite pulsar las potencialidades intelectuales y laborales del sujeto, tomando como base la propia vida cotidiana y capacidades afectadas por el sostenido uso de los tóxicos. Pone a prueba las aptitudes y conductas mediante el trabajo y el conocimiento, al tiempo de orientar al paciente hacia su futura actividad laboral.

Por su parte el autogobierno se convierte en un elemento estructural en la dinámica de vida de la comunidad terapéutica, a través del cual un grupo de pacientes adquiere responsabilidades claves y junto al equipo terapéutico interviene en la toma de decisiones y el control del funcionamiento interno.

Finalmente, el área de salud y turismo propone un acercamiento a aquellos atributos culturales (museos, teatros, cines) y naturales (parques, playas, senderos ecológicos, termalismo, etc) del entorno, de los cuales se disfruta en dependencia de la evolución y capacidad de autorregulación adquirida en el proceso de tratamiento, en forma de estímulos otorgados por el colectivo de la comunidad terapéutica.

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